viernes, 28 de octubre de 2011

Viernes, viernes

Termina la semana, una semana igual a todas.
Ayer, después de esperar meses, y para ver qué sucedía con una Ejecución, me acerco al Juzgado y averiguo que, en el mes de julio y en el mes de septiembre, se han librado por el Secretario dos mandamientos de pago. Con los nervios "a mil" me fui a ver al Procurador, y me explicó, para mi sorpresa, que los libramientos de pago de principal, los formalizan a nombre del procurador, sin identificar, ni al cliente ni el procedimiento, y los de las costas los ponen a nombre del ejecutante.
No hay un absurdo mayor. Así que mi procurador tiene en su cuenta el dinero del representado pues no sabe a quién debe entregárselo. Y mientras el dueño del dinero está "in albis".
La arbitrariedad en el proceder de los 'amos' de la Justicia, y no sólo en lo más importante, si no también en lo más nimio, afecta a los justiciables de una forma tal que explica que esta Institución sea de las menos valoradas por los ciudadanos.
La reforma de la Administración de Justicia es inaplazable y urgente, pero debe empezar por la unificación de los mecanismos automáticos de los procedimientos y por infundir sentido común, el menos común de los sentidos, según mi profesora de Latín, a los que trabajan en ella, sean dependientes del Ministerio de Justicia, del CGPJ o de la Fiscalía General del Estado.

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