domingo, 22 de abril de 2012

El ocio cansa

Esta tarde, mientras en mi casa cada uno ocupaba su tiempo como tenía por conveniente, a mi esperaba sólo sofá y libro.
No estaba muy convencida de que me apeteciese ese plan, así que opté por lo que más gracia me hacía. Cogí mis llaves, mi bolso y mi cazadora y me encaminé al despacho.
Tarde de domingo es garantía absoluta de que ni entran correos electrónicos ni faxes ni llamadas.
Me he sentado a trabajar y se me ha ido el tiempo volando rematando algunas cosas que tenía pendientes..
Así mi conciencia calvinista y mi aburrimiento de la tarde dominical han desaparecido ambos a la vez.
Mañana, teniendo guardia, no se si podría disponer de mi tiempo para mi trabajo, así ya no tengo preocupación.
Y si tengo una buena guardia (mala porque si no hay rápidos se cobra menos), avanzaré en otros expedientes.
Como dicen en mi casa, trabajo hecho ya no lo tienes que hacer.

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