domingo, 20 de mayo de 2012

Clientes

Ayer una compañera se vió en la necesidad de aceptar una invitación a un evento familiar de un cliente.
Cuántas veces nos hemos visto en una situación similar?.
Son buenos clientes y tememos desairarles, por eso nos sentimos en la obligación de aceptar, sin embargo, nos apetece como que nos maten y acabamos embarcando a nuestras familias en el embrollo consiguiente, sea por acción o por omisión, es decir les ponemos en la tesitura de acompañarnos o de hacerse cargo de las criaturas comunes.
Nosotros solemos querer ser agradecidos con los clientes, en correspondencia con la deferencia que nos hacen, pero ninguno de ellos se para a pensar en que nuestras vidas personales y nuestros trabajos, son dos parcelas distintas, y a la mayoría nos gusta que siga siendo así.
Es cierto que nuestra vida no se limita sólo a escuchar sus problemas legales y a intentar ponerles solución, ya que muchas veces nos confían su intimidad y eso les enlaza a nosotros de una forma especial, siempre es difícil el equilibrio.

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