lunes, 17 de noviembre de 2014

Miedo y rabia.

Muchas veces nos enfrentamos a la presentación de una demanda que creermos justa y sotenible, con sólidos argumentos y pruebas contundentes, pero con el temor a que algo salga mal, y como consecuencia de ello, nuestro cliente se vea obligado a abonar, además de las odiosas e injustas tasas, las costas.
Cuando te pones a revisar pagos desde 2006 a 2014 y punteas 32 folios de apuntes bancarios por un lado, 23 folios por otro, ocho folios por otro, tres folios por otro, todos ellos a doble cara, y según van pasando las anotaciones te vas enfureciendo por momentos, es cuando más consciente eres de lo imprescindible que resulta la seguridad jurídica.
Esa de la que habla en sus conferencias el Magistrado Calatayud, el de Menores de Granada, "el que la hace, la paga". Así debería ser, el que se queda con dinero de otro, debería pagarlo, aunque sea insolvente y deba hasta las pestañas, debería abonar lo adeudado aunque fuera trabajando, es decir, trabajaría media jornada para pagar sus impagos, además de su trabajo habitual, así a lo mejor, se lo pensaban dos veces antes de apropiarse de lo ajeno, porque eso y no otra cosa es el hecho de quedarse con todo lo que han pagado entre otros.
ya se que estoy radical esta noche, pero si fuera la primera vez me lo podríais reprochar, como no es así, dejadlo correr, es sólo una mas de las mías. 

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