martes, 11 de noviembre de 2014

Insostenible y caradura

Desde hace unos días estoy intentando conseguir de un usuario del Turno de Oficio, al que me niego a llamar cliente, algún papel que me permita hacer una oposición digna en un procedimiento monitorio en el que le reclaman, entre unas cosas y otras 20.000 € (VEINTE MIL EUROS).
Le he pedido algo, y me ha dado nada, le he enviado a conseguir duplicados de los papeles que eran suyos, y tampoco. Primero me decía que los consiguiera yo, sus recibos de haber pagado, los ingresos efectuados por él, en el Banco, en fin SUS PAPELES. Como no es de mi competencia, ni tampoco me los van a dar, porque con mi "designación provisional" no soy nadie, decliné amablemente la invitación a ser su chacha o su secretaria o su esposa. 
Al final conseguí que llamase a la central de la empresa, y allí le pidieron que formalizase la petición por correo electrónico, pero él no tiene internet, cosa que es posible, pero en muchas papelerías te lo pueden hacer, o en la biblioteca pública o un amigo o familiar, incluso desde su teléfono móvil, pero él tampoco quería tomarse la mínima molestia, porque es insolvente.
Lo que es realmente, es un caradura redomado, cosa visible en la primera reunión que mantuve con él.

1 comentario:

Alberto Martín dijo...

Todos los abogados tenemos clientes caraduras. Hace unos meses llevé de oficio un asunto en el que a mi cliente le reclamaban rentas de alquiler, solicitando al mismo tiempo el desahucio. Evidentemente no tenía intención de pagar nada y ambos sabíamos que lo iban a desahuciar, por lo que le pedí me hiciera entrega de las llaves antes del lanzamiento para ponerlas a disposición de la otra parte, cosa que hizo tan sólo dos días antes de aquel.

Se ve que el buen señor en ese tiempo se dedicó a llevarse todo lo que se pudiera llevar de la vivienda arrendada y claro, el propietario del piso lo denunció. En su declaración en las diligencias previas, su defensa se basó en decir que las cosas se las debió llevar el abogado, ya que el le entregó las llaves con un mes de antelación.

En fin, que dios nos coja confesados