lunes, 2 de junio de 2014

Encauzar.

Hay días en que parece que los casos y las cosas se encarrilan, y lo que estaba desmadrado se normaliza.
Aunque se ha producido una convulsión institucional esperable e inesperada, mi jornada laboral me ha proporcionado tranquilidad en dos asuntos. Uno por la tardanza en dictar una sentencia que ofrecía pocas opciones. El otro, porque, empieza, por fin, tras 10 meses de despropósitos, a asentar las bases de la cordura en su evolución.
Por otro lado, estoy observando con auténtico espanto, por cuanto tiene de quiebra del necesario estudio y reflexión que los asuntos judiciales requieren, cómo las secciones y las Salas tramitan a la velocidad del rayo los recursos. Ni lo de antes, que los procedimientos se pudrían allí entre meses y años, ni lo de ahora, que en poco más de un mes ventilan cualquier cosa, mi madre siempre dice que las prisas son malas consejeras, a lo mejor sus madres, la de ellos, no les han dicho eso nunca...

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