miércoles, 19 de junio de 2013

Lo último que esperaba.

Esta mañana he recibido una llamada telefónica muy chocante. Al final del post lo enteréis.
Llevé un divorcio contencioso en el que la vivienda conyugal, pertenecía al padre de uno de ellos, y que le fue atribuida al otro. Como no había contrato, tras la sentencia de familia, se le ofreció la posibilidad de regularizar la situación y firmar un alquiler, estábamos en agosto de 2011.
Durante más de diez meses, mi cliente, hijo del dueño, trató de evitar que se produjeran más daños colaterales, hasta que en junio del 12, presentamos demanda de desahucio por precario de la mujer. Llevaba viviendo gratis desde febrero de 2011en la casa.
Ganamos la primera instancia, apeló y ganamos también la segunda, incluso, instamos la Ejecución, señalándose para el próximo 10 de julio el lanzamiento.
En ningún momento de estos veintidós meses, la precarista ha mostrado el mínimo interés por solventar el asunto de forma pacífica, nunca.
Llegó incluso a vocear, a quien la quiso oír, que iba a llegar hasta el Supremo.
Hasta aquí sólo datos objetivos, sin implicaciones, sin desplantes emocionales innecesarios, sin nada que entorpezca la frialdad del análisis.
Y todo ello con un coste económico en profesionales del derecho.
Vuelvo ahora a la llamada, me han preguntado qué me parecería que ahora se firmase un contrato de arrendamiento entre el propietario y la precarista desahuciada y al borde del lanzamiento.
Me he quedado estupefacta, atónita, no daba crédito a lo que oía.
¿Para qué han gastado su dinero, mi esfuerzo, el tiempo de un Juez y tres Magistrados? Para este viaje...no hacían falta alforjas.

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