lunes, 17 de junio de 2013

Desilusión.

Si, mucha y muy dolorosa, y todo porque la palabra de un Letrado vale menos que nada.
Soy perfectamente conocedora del individualismo reinante en nuestra solitaria profesión. Pero existe un abismo entre eso y la actual situación en la que, por desgracia, el Hobbes del Leviatan, se ha salido con la suya, y cada Abogado es un Lobo para los otros Abogados.
Estamos desquiciados, o por lo menos, a mi me parece que se ha perdido el respeto entre nosotros hasta extremos increíbles, que luego se tratan de disfrazar bajo la apariencia de que somos mercenarios de nuestros clientes, sean estos personas físicas o jurídicas, y anteponemos sus "presuntos" intereses a la deontología profesional y a la consideración personal hacia nuestros colegas.
La conclusión final es que nuestra profesión está compuesta por dos clases de abogados, los que son personas en primer lugar y los que son escoria, se les miré por donde se les mire.

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