martes, 29 de abril de 2014

¿Y ahora qué?

Hace algunos días escribía sobre el descarado intento de conseguir por la vía de los hechos consumados, lo que por dos veces se le había negado en los tribunales, a un padre despreocupado del bienestar de su hijo y egoísta con sus caprichos. Y hoy, contra cualquier lógica,  sea esta jurídica o no, me encuentro con que, por medio de una Providencia, dictada por el mismo Magistrado que redactó la primera Sentencia, se nos dice que le parece bien, que el incumplidor no tiene que acreditar nada, que no hay desobediencia, en definitiva, que el fulano puede hacer lo que le salga de ahí, que da lo mismo.
Luego se pierde la fe en la Justicia por culpa de la administración de justicia y los pensantes se preguntan alarmados ¿cómo es posible semejante falta de respeto?. 
Yo les voy a decir cómo lo es, con decisiones como estas que son inconsecuentes con decisiones previas. 
El demandante se ha burlado del juzgador, y, como se diría en el Siglo de Oro, a éste se le importa una higa
Quieren respeto y consideración, que se lo ganen siendo responsables con su trabajo y respetando, ellos los primeros, sus propios fallos y razonamientos jurídicos. En caso contrario  esos mismos justiciables acabarán por escupirles en sus caras, sin rebozo ni pudor, como hacen ellos ahora vía resoluciones judiciales.

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