lunes, 4 de noviembre de 2013

Vigilancia penitenciaria.

Esta es una de las partes del derecho que me resulta más incomprensible. 
En veinte años, sólo uno de los muchísimos recursos de apelación por denegación de un permiso de salida me lo han estimado.
No creo ser tan inútil como para no haber aprendido nada en todo este tiempo, y aún así sigo perseverando en mi olímpica incompetencia para sacarlo adelante.
Otra opción, que yo considero menos plausible es que me toquen todos los malos malísimos que tras haber cumplido más de la mitad de sus condenas, aún siguen sin obtener esos anhelados permisos fundamentados en la preparación paulatina para la vida en libertad. 
Lo cierto es que yo creo que la concesión o denegación es absolutamente aleatoria, parcial por parte de los profesionales de la Junta de Tratamiento, y me explico, hasta el día de hoy, ni una sola vez, he encontrado en los Informes técnicos ni una sola prueba que sustente sus grandilocuentes argumentos, que, tienen un enorme tufo a prejuicios personales tamizados con sentimientos de impunidad e impotencia a partes iguales.

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