jueves, 21 de noviembre de 2013

¡Cuantas cosas a la vez!

El día en que mi vida sea algo menos que trepidante, será el día en que me jubile. Hasta que llegue ese momento, para el que aún faltan muchos años, me tengo que conformar con lo que hay, es decir, mucho estrés, muchas cosas por hacer cada día, muchas preguntas que contestar, muchos escritos que presentar, muchos frentes que cerrar, mucha angustia.
Ahora tengo un momento de relax, y aprovecho para quejarme, en lugar de aportar algo divertido, curioso, interesante o aburrido, me quejo.
Prometo que esto no sucederá muchos días más, pero algún día me tiene que tocar poder desahogarme.

En los juzgados las cosas están prácticamente como siempre, si exceptuamos la concentración de ayer ante la puerta del Palacio de Justicia contra las tasas judiciales.
Creo que no es la primera vez que lo digo, pero lo cierto y verdad es que nosotros nos manifestamos en defensa de unos intereses que, como de costumbre, no son los nuestros, vuelven a ser los de nuestros clientes, los de los justiciables, que son a los que afecta directamente el impuesto revolucionario gallardoniano.
Ni uno solo de los transeúntes de ayer de la avenida de Colón, ni uno solo, se preocupó en averiguar qué hacíamos allí de pie parados.
¿Cuándo se darán cuenta de que lo hacemos por ellos? El individualista colectivo de los abogados se concentra unido en todo el país, ante todos los Juzgados, en defensa de sus clientes, pero sus clientes no les acompañan.

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