martes, 2 de julio de 2013

Desesperación

Esta mañana he asistido a la verbalización plena de la desesperación de una madre.
Desde el nacimiento ha cuidado y dedicado cada instante de su vida a su vástago. Ha perdido oportunidades de mejora profesional por su dedicación absoluta al cuidado de su criatura.
Y tras once años, la áspid ha mordido el pecho que la cobijaba y calentaba, hasta el extremo de que le ha cogido miedo. Es terrible, pero la crueldad de la vida es mucho más dura que la peor película de terror familiar.
Me duele ver cómo los hijos se vuelven contra quienes, durante años, les han dedicado vida y hacienda, respondiendo con una ingratitud rayana en la indignidad.

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