martes, 25 de octubre de 2016

Quid prodest?

Algunas veces tengo la amarga sensación de ser una extraterrestre. O en su defecto de vivir en una realidad paralela.
Cuando se hacen determinadas cosas, que requieren inversión, tiempo, esfuerzo, implicación de propios y extraños, se deben tener en consideración todos los inconvenientes que a corto, medio y largo plazo se pueden presentar.
Cualquier proyecto serio, además de la imprescindible memoria descriptiva y económica, debe incluir las previsiones de evolución y las contingencias que en su vida util acaecerán. Al menos eso creía yo.
Pues no, eso no es ni bueno ni malo, es simplemente falso.
Podemos crear proyectos millonarios con diez meses de vida, y no pasa nada, porque ya está todo hecho, todo resuelto, todo decidido.
¿En serio tenemos estas tragaderas tan anchas?.
¿De verdad pueden jugar con nosotros impunemente?.
Cualquier penalista lo primero que preguntaría sería "Quid prodest?" y la respuesta no es del agrado de casi nadie, pues al final, quien queda por encima, y se ubica en primer lugar es quien probablemente más daño ha hecho a los pobres abogados de a pie, y seguimos callando ¿o esta vez no?.

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