lunes, 17 de octubre de 2016

La realidad aplasta.

Después de un grandioso fin de semana de celebraciones por la Patrona del ICA, hoy es lunes, y la verdad desnuda de cada semana se ha impuesto inmisericorde.
Lidiar contra la inacción es una de las peores cosas que nos puede ocurrir. 
Creemos, y así se nos vende, y lo acabamos transmitiendo a los clientes, que cuando existen unos determinados protocolos de actuación de funcionarios concretos, su puesta en marcha será automática en el momento en que las circunstancias lo exijan, pero eso, no es mas que una entelequia.
Como decía la canción, depende, todo depende..., si por fortuna te encuentras en una capital, está prácticamente garantizado que así será, y todos harán lo que les corresponde sin pestañear. Sin embargo, si no es así, las relaciones personales entre los implicados determinarán el grado de cumplimiento de esas reglas de conducta, con la consiguiente frustración de quienes creían tener sus derechos protegidos, los suyos y los de sus hijos.
Seguimos siendo, aquí una sociedad rural donde importa más el conocimiento entre los convecinos, que el imperio de la ley. Nada sucede si una denuncia no se provee, porque al fin y al cabo, las cosas se solventan en casa, no en los tribunales; ni a nadie importa archivar un asunto sin mas trámites, sólo porque total, seguro que se está exagerando.
Cuando la ley es tal, hay que cumplirla dejando al margen cualquier consideración personal o familiar, cualquier prejuicio, en caso contrario nos encontraremos con daños, tal vez irreparables, por un no pensé, y la cruda realidad nos aplastará.

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