martes, 28 de octubre de 2014

Dos papeles.

Los abogados estamos acostumbrados a enfrentarnos a una cara de los Jueces y Magistrados, como mucho a dos. La primera, la de las puñetas, la segunda, y sólo de aquellos que tienen a bien recibir a los profesionales, la del despacho.
Sin embargo, a veces, ofrecen, a los abogados en prácticas, una tercera, la docente, más cercana y accesible, más amena y relajada.
Supongo, que ésta se acerca más a la realidad de la persona que se oculta y trasmuta cuando se inviste y se esconde tras el estrado o la mesa oficial. Se vuelven humanos, bajan a la Tierra desde su Olimpo judicial.
Los letrados, por el contrario, no nos transformamos en seres inaccesibles por vestir la toga para entrar en la Sala de Vistas. Somos los mismos, con nuestro traje de chaqueta a secas o con el terno recubierto por las negras vestiduras, porque nosotros no descendemos de ninguna parte, ya que nuestros clientes no nos dejan despegar los pies del suelo.
Si me preguntáseis qué es lo correcto, no sabría contestar.  
   

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