viernes, 3 de enero de 2014

Procrastinar

O lo que es lo mismo, posponer indefinidamente una actividad.
Es lo que ocurre con la dignificación de la abogacía, entre los justiciables y entre los propios profesionales. Se nos perdió el respeto y nos lo perdimos a nosotros mismos.
Aquel adagio futbolero de que cada aficionado se cree el mejor entrenador, se aplica también a la opinión que tienen nuestros clientes sobre nosotros, es decir, que sin haber pisado la Facultad de Derecho, no haberse sentado nunca en un estrado, ellos saben que nuestro trabajo no ha sido bueno, porque, además, a su vecina del 5º, en el divorcio, le han dado todo, todo y todo, y ha quedado como una reina (o al menos eso es lo que cuenta, porque yo querría ver su Sentencia); o el abogado de su primo, con el que su primo ha comentado el caso, afirma que la indemnización tenía que haber sido el doble (el abogado del primo es un estudiante de 1º de carrera de la escalera de enfrente).
Lo peor es que en vez de decirle a esos clientes, pues en vista de eso, págueme lo que me debe y vayase con ese otro abogado, nos deshacemos en explicaciones de que el Juez se ha pasado la pruebas por el forro, su declaración fue un desastre, las pruebas aportadas por la otra parte eran más claras, etc. 
Nosotros parecemos tenerle miedo a los clientes. 
Y así seguimos prolongando indefinidamente nuestro descrédito, y, no es por nada, pero los ABOGADOS SOMOS IMPRESCINDIBLES en la sociedad.

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