jueves, 3 de septiembre de 2015

Yo no he sido.

Hay infinidad de ocasiones en que, mientras escuchas la historia que te cuenta el cliente, y le sigues con atención el relato, enfatizando los detalles importantes, la mente juega malas pasadas y la visión mental del suceso que se te pasa por la cabeza, nada o casi nada tiene que ver con lo que estás oyendo.
Al final, cuando le dices, tienes toda la razón...estas pensando... no me creo ni una sílaba de lo que me estas contando. 
Si el monedero apareció bajo un coche, según el investigado, tu le imaginas metiendo la mano en el bolso de la denunciante con esa destreza que aprendían en Oliver Twist. Si se había bebido, según él, dos o tres cubatas, la imagen mental es cinco botellas de licor de alta graduación vacías sobre una barra. Si te dice que era una maceta de marihuana para consumo propio, visualizas una habitación con lamparas y papel de aluminio y arbustos de dos metros de altura. 
A veces me pregunto los abogados tenemos cara de crédulos todos o es que la máxima de nuestros justiciables es "miente que algo queda". 
Y desde luego, me encantaría verme mi cara de póker.

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