viernes, 22 de febrero de 2013

Nadie está seguro.

Ayer no hubo post por mi incapacidad para afrontar lo sucedido.
Mi amiga, mi compañera, mi "niña", fue víctima de una brutal agresión, en pleno día, en un lugar céntrico y público, por parte de uno de nuestros "clientes".
Uno de esos h.j.s d. p.t. a los que a diario dedicamos nuestros desvelos, conocimientos y pericia profesional.
Siempre he sentido esa especie de "respeto" que los delincuentes tenían hacia nosotros. Eso me inspiraba tranquilidad y confianza como para entrevistarme a solas con ellos, para no sentir miedo aunque no sean pacíficos, por esa interconexión entre defensor y defendido.
Eso se ha roto como un cristal hace treinta y seis horas.
No ha sido un usuario descontentó que te suelta una fresca al salir de sala. No, ha sido un cuchillo de cocina enorme al lado del cuello, un corte en la mano y un intento de ir a órganos vitales que se frustra.
Mi amiga se identificó como Abogada del Turno de Oficio, y el delincuente, recién salido de la cárcel tras una larga temporada, y sin ninguna clase de síndrome de abstinencia, la acometió y en su persona, ha agredido a todos los abogados de a pie que diariamente nos batimos el cobre por esas alimañas.
Desde ahora yo tendré un terror que nunca creí que sentiría provocado por la pérdida del más elemental de los respetos.
Mi deseo es, en estos momentos, devolverles a todos ellos el mismo golpe que ellos me han dado, y en lugar de buscarles lo más beneficios, ir a la máxima condena posible...pero mi deseo nunca se hará realidad, porque yo me respeto a mi misma y a mi profesión.

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