miércoles, 16 de diciembre de 2015

No quiero ni estoy obligada.

Nuestro código deontológico, por lo demás bastante exigente respecto de las obligaciones de los letrados, nada dice sobre ser ni empáticos ni simpáticos.
Pues eso, que ni quiero ni me da la gana, ser nada más que educada con una cliente, que desde el minuto cero, tengo la desagradable sensación de que me toma el pelo y además pasa de todo.
Solicita un abogado para unas medidas paternofiliales, y cuando la cito me dice, así como el que no va él, que no sabe lo que quiere. Por mero respeto no le espeto, ¡¡¡¡pues anda que yo, que ni es mi hijo!!!!.  
Tras preparar una demanda de medidas con todas las peticiones atrabiliarias que se le pasaron por la cabeza (dentro de la legalidad) como por ejemplo que las visitas del menor se realizarían en Sevilla aunque el niño vive aquí, me llega la contestación y el compañero, dado que había pocas discrepancias me propone un acuerdo. La llamo y lo acepta, eso si, tras variar las visitas intersemanales a un pueblo distante unos 90 km de la ciudad donde, según parece, residía el crio. EL padre acepta, no se ni como. Y hoy, cuando el juicio está señalado para mañana, me suelta, "ah, las visitas de fin de semana, también serán en el pueblo de mis padres, o yo no firmo" y yo toda seria le digo, bien, vamos a juicio, pero le recuerdo que yo no puedo modificar mi petición porque no tengo ningún documento que acredite que desde la demanda hasta ahora haya cambiado algo. Más seria aún le repito que la demanda se hizo según sus peticiones y la Juez en juicio resolvería sobre lo que pedimos en la demanda.
Me ha intentado convencer de que ella lo había hablado con el padre del niño, y yo no me lo creo, porque de haber sido así, el compañero que anoche me dió el OK al acuerdo, habría mencionado eso, pero no lo hizo.
¿De verdad se me puede pedir que sea empática con ella? ¿Y menos aún simpática?. Pues por pedir que no quede, que estamos en tiempo de deseos, pero no lo va a conseguir,

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