jueves, 5 de febrero de 2015

Casi le clavo el "stilleto" en la cabeza

Tras varios días agotadores, saliendo del despacho a las 11 de la noche, preparando intensamente unas nuevas conclusiones para mi PA del lunes que ha terminado hoy, y después de haber desarrollado una tesis en la Sala que era sólida para sembrar serias dudas sobre el delito que se enjuiciaba, mi cliente (mi peor enemigo) se ha descolgado con un alegato de veinte minutos en su útlima palabra, que me ha dejado clavada al sillon y con la cabeza hundida en el estrado, porque ha desactivado con su "speech", el efecto conseguido con mi informe final.
Por momentos creía que estaba en una pesadilla, en otros deseaba que hubiera un ser caritativo, en forma de agente judicial, que involuntariamente desconectase el cable del micrófono, después deseaba ser sorda y que lo fuesen todos los sentados en estrados.
Al terminar, he salido de la Sala como alma que lleva el demonio y echando humo por las orejas, he gritado a mi cliente y he renunciado a seguir con su defensa, y casi me saco el zapato y se clavo en la mollera de hormigón que tiene.
Anttes de entrar, ya le había advertido, varias veces, las lineas escuetas y precisas de su última palabra, pero como no ha escuchado ni una sola sílaba, ha decidido discutir el Informe de las acusaciones y hacer precisiones sobre una grabación de video, para terminar recordando a Su Señoría que ya le había condenado en otra ocasión. El Togado, sin mudar el gesto y con un aplomo que yo hacía mucho rato que habría perdido, le ha recordado que sólo juzga hechos, no personas.
En la puerta, he seguido con mis improperios, asegurándole que él y sólo él se ha puesto la soga al cuello...
Aún a estas horas, deseo clavarle mi stilleto en la cabeza. 

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