viernes, 9 de octubre de 2015

Un símil.

En un procedimiento civil, en la inmensa mayoría de las ocasiones, nos acabamos comportando como en un duelo de esgrima. 
En guardia, una marcha, dos marchas, y se redacta y presenta la demanda, y nos volvemos a poner en guardia, y esperamos los movimientos del oponente, si rompe, tenemos un allanamiento. Si por el contrario, a su vez decide marchar...nos contesta a la demanda.
Segundo asalto, la audiencia previa, nueva ocasión para la estrategia, si creemos estar mejor preparados, porque nuestras pruebas parecen más sólidas y contundentes, no sólo nos inclinamos por la marcha, llegamos incluso a tirar a fondo. Ahora nos toca nuevamente permanecer atentos a la reacción del rival, y si su defensa se convierte en un ataque, hemos de replantear el siguiente asalto, supuestamente el definitivo. 
El tercer y último asalto. El Juicio, ya no hay movimientos que improvisar, solo se puede sostener firmemente el arma y marchar sobre testigos y peritos, sin romper siquiera ante la novisima referencia jurisprudencial del contrario y por último, en el resumen de pruebas desplegamos todos los movimientos anteriores hasta llegar al touché.

No hay comentarios: